- Un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos con inteligencia artificial y biometría facial mide la reacción ante el vídeo viral de la familia Caño: no hay más rechazo ni más confusión que ante otro vídeo de la misma familia que no se difundió
- Lo que el rostro sí muestra es algo más de alegría y un único pico de emoción, el grito de Miki Caño; en las respuestas abiertas, solo un 3% de los participantes aludieron a la estética o la clase social de la familia
Desde agosto, el vídeo casero de la familia Caño cantando «Dama y vagabundo» en el porche de una casa de Huesca ha acumulado decenas de millones de visualizaciones y ha dividido la conversación en redes: una parte celebraba la naturalidad y la alegría del grupo y otra se burlaba de su estética y de su perfil social, con memes y calificativos como «cayetanos» o «pijos». La propia familia ha dicho que se lo toma con humor. La pregunta es inevitable: ¿el vídeo se ha hecho viral porque gusta o porque la gente lo comparte para reírse de él?
Un estudio exploratorio del laboratorio BIACO-Lab de la Universidad Rey Juan Carlos, dirigido por la doctora Ana Reyes, experta en comportamiento del consumidor digital, inteligencia artificial y análisis biométrico, ha intentado responderla midiendo lo que ocurre en el rostro de quien lo ve.
Participaron 76 personas, que vieron desde su ordenador, con la webcam activada, el vídeo viral y otro de la misma familia que no se hizo viral. La herramienta Kopernica registró cada 200 milisegundos la expresión facial y la dirección de la mirada, y un cuestionario recogió lo que los participantes declaraban.
Sin más rechazo ni más confusión
Si el vídeo circulara sobre todo como objeto de burla, cabría esperar más rechazo, más confusión o más sorpresa ante él que ante el vídeo no viral. No fue así: el rechazo medido fue prácticamente idéntico (11,8 frente a 12,4 sobre 100), la confusión fue algo menor en el vídeo viral y la sorpresa fue casi nula en ambos. Tampoco hubo más intensidad emocional (43,7 frente a 39,9) ni más interés (77,5 frente a 77,7).
Algo más de alegría
Lo que sí cambió fue el tono. La alegría medida casi se duplicó (17,1 frente a 9,4), con más compromiso y más relevancia. Conviene no exagerarlo: en ambos vídeos la expresión predominante fue neutra, como es habitual cuando se mira una pantalla sin interactuar, y la diferencia se debe a menos gesto negativo y a más sonrisas, no a una explosión de entusiasmo.
Qué recuerda la gente
Cuando se les preguntó qué era lo que más les había llamado la atención, la mayoría habló de la unión familiar y el ambiente (26 respuestas), de la alegría y la energía del grupo (21) y de personas concretas (21), sobre todo Miki Caño (15 menciones). Las referencias a la estética o a la clase social fueron 4, y las de humor, burla o extrañeza, 5. Por su tono, 35 comentarios fueron positivos, 37 neutros o descriptivos y solo 4 negativos o irónicos. El máximo de intensidad emocional del vídeo, además, coincide con el grito de Miki a los 11 segundos, el tramo de mayor volumen sonoro, y no con los planos que más comentaron los usuarios en redes, como el abrazo o el baile final, que no produjeron picos distinguibles.
Se comparte en privado
El estudio apunta también a cómo circula el vídeo. Más de la mitad de los participantes (53%) ya lo había visto en los tres días anteriores, casi siempre en TikTok, y quienes lo conocían sonrieron más al volver a verlo (alegría de 23,2 frente a 6,4). Si el vídeo les apareciera en redes, 24 participantes lo enviarían por privado a alguien y solo 2 lo publicarían en sus historias o perfil. “Que casi nadie esté dispuesto a publicarlo en su perfil pero muchos lo reenvíen a amigos encaja más con un contenido que se comparte por afinidad que con uno que se difunde para ridiculizarlo, aunque la burla pueda existir en la conversación pública”, señala Ana Reyes.
Lo que se siente y lo que se dice
El 82% de los participantes declaró alegría, pero la emoción dominante medida solo coincidió con alguna de las declaradas en 15 de 60 casos. “Lo que decimos que sentimos y lo que expresa nuestra cara son capas distintas de información, y por eso conviene medir las dos”, añade la investigadora.
Pistas para creadores, no una fórmula
Los datos no permiten prometer la viralidad, pero sí apuntan a tres ideas útiles para quien diseña contenido: un tono que haga sonreír pesa más que uno que impacte; conviene un momento pico reconocible que la gente pueda señalar al reenviarlo; y la difusión se apoya en la familiaridad y en el «te lo mando» entre amigos más que en el compartir público. “No existe una receta para fabricar un vídeo viral, pero la biometría nos permite ver qué ocurre en el rostro de quien lo mira, segundo a segundo, y eso ofrece pistas para los creadores antes de lanzar su siguiente campaña en redes”, concluye Ana Reyes.
El estudio se enmarca en La Noche Europea de los Investigadores de 2026 y en la línea de trabajo del BIACO-Lab en neuromarketing y medición biométrica de emociones, la misma que ha llevado a la doctora Reyes a estudiar, junto al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y Quirónsalud, qué sentimos al mirar un cuadro.








